Dulces sueños
Nunca creí que, te vería de
esta forma, Andrea. Nunca llegué pensar que, el acto de verte dormir, fuera
complicado, por decirlo de alguna manera. Sabes, nuestro primer encuentro, fue
una cosa muy curiosa. Tenía quince años en esa época, y yo era un muchacho
bastante callado, sumergido en mis pensamientos. Solía pensar en lo hermosa y
cruel que, puede llegar a ser la vida. Pensar, en cómo de la muerte, y el
sufrimiento, podían crear maravillas, un ejemplo puede ser el de un gusano; se
interna en su propio mundo, y muere por unos días, para poder renacer, como un
ser perfecto y hermoso, como lo puede ser la mariposa, un acto realmente triste,
pero necesario; para alcázar la perfección. Pero no nos desviemos del tema
principal, y continuemos con este breve relato. Mi baja estatura y mi poco coraje,
para poder dirigirme a las personas, nunca fue un verdadero problema para mí. Ellos
solo eran una banda de revoltosos, motivo por el que no podía encontrar la
gracia en acercarme. Las pocas veces que lo intente, fue un intento vano; me
aburría de ellos muy rápido, y ellos de mí, motivo por el cual me molestaban,
me insultaban y golpeaban. Esto último no les era muy fácil, él ¿porque? desde
pequeño trabajé por mis dos hermanos, a los cuales amaba con toda el alma,
estar en la calle no es un ambiente fácil, y me tuve que aprender a defender.
Por este motivo, esos niños no frecuentaban golpearme. Ese sitio era un
verdadero infierno del que deseaba escapar.
Pasado poco tiempo, entraste
en el salón de clases; eras un poco callada un rasgo muy común en los nuevos
alumnos, tu pelo rubio y rizado, como hilos de oro entrelazados, te daba un
toque lo bastante hermoso para mantenerme atraído, poseías unos labios carnosos,
y tu piel blanca como la nieve; destacaba de entre todas las demás chicas de
aquel salón infernal.
Que complicado me resulta
mirarte. haciendo ese esfuerzo firme, pero a la vez inútil, por no cerrar tus
ojos. Andrea, por favor no te duermas, al menos no toda vía, veras este relato,
no a echo nada más que, comenzar.
Te miraba de reojo, desde mi
pupitre, no savia en ese momento que era lo que estaba sintiendo, mi mundo
estaba siendo invadido y no entendida lo que sucedía, empezaba a ver las cosas
hermosas, inferiores en comparación a ti. Mirarte, era una tortura, en la que
deseaba caer preso, aparte de eso te destacaste rápidamente en el ámbito
estudiantil. Descubriendo que eras una persona bastante inteligente mi
admiración por ti era muy grande, eras hermosa e inteligente. Por algún motivo
que desconozco, no tenías muchas amistades, era, como si vieran en ti a una
reina; alguien imposible de alcanzar, de la misma manera en la que yo te
percibía.
¿En qué maldito momento, tome
el valor para acercarme a ti? Solo levante mi trasero y camine de forma torpe,
pero impávida, en ese momento, tuve todas las dudas del mundo, pero solo una
inquietud recorría mi cabeza. ¿Se molestará, cuando le hable? Seguí caminando;
cada pierna me pesaba una tonelada, y un sudor frió recorría mi frente, los
otros chicos me miraban con sorpresa. Escuchaba entre murmullos, a esos
pequeños idiotas decir; ¡el tontico va a hablarle!, ¡imposible es demasiado
callado! Y seguían. Pero no estaba dispuesto a detener mi marcha, y finalmente
ahí estabas tú, una chica hermosa con un semblante melancólico, ¿cuál será el
misterio que guarda ese semblante? Tome una silla vacía y te pregunte con una
voz algo temblorosa ¿puedo sentarme contigo? Me temblaban las piernas, y
supongo que estaba como una hoja de papel. Aunque tu respuesta fue la más
impactante, con una suave y tenue voz, me dijiste adelante, siéntate.
Tu semblante cambio de
inmediato, y una discreta sonrisa salió de debajo de tus comisuras. Hola, mucho
gusto mi nombre es José. Tu cara se veía mucho más feliz, ese melancólico
semblante se disipo; cual nube de lluvia en verano. Hola mi nombre es Andrea,
el guste de conocerte es mío. De ahí en adelante, fuimos verdaderos amigos, por
los meses venideros; fuimos inseparables. Para mí, no era fácil llegar tarde a mi
casa, mis hermanos eran los que tenían que esperar unas cuantas horas para
poder cenar, eso sin mencionar las reprimendas de mi padre; el cual me
golpeaba, hasta que el estuviera satisfecho. Esto es un poco doloroso de
recordar, Andrea te veo un poco más interesada en mi historia, lo cual te
agradezco. Nuestra amistad fue algo efímera, como olvidar que al poco tiempo;
el tiempo de descanso conociste a una chica de tu misma edad, Natalia era buena
gente, y nuestro pequeño grupo empezó a crecer.
La atención que ponías en mi
era mucho menor, con frecuencia solías ignorarme, dejabas mis mensajes en visto
y eso no era lo peor de todo; te volvías cada vez más fría conmigo, así que
nuevamente empecé a verte de reojo a ti y a Natalia. Empecé a sentir envidia y mucha
melancolía, no terminaba de entender eso, ¿porque tenía rabia? y sin ninguna duda
un vaivén de emociones recorriendo mi piel y mi alma; como una ducha de agua helada
en un día de invierno. Unos días más tarde se me acerco un muchacho de mi misma
edad, yo estaba bastante asombrado de que una persona quisiera hablar conmigo,
pero a la vez un poco desconfiado; por no saber, si quería hablar conmigo o
quería acercarse a mí para poder acercarse a ti, pobre tonto si esa era su
intención pues no había nadie más alejado de ti que yo, todo por culpa de la
grandiosa Natalia, me saludo con un tono de voz muy baja casi inentendible,
como muestra de educación le regrese el saludo fue un caluroso, hola ¿cómo
estás? El haber hablado tanto tiempo contigo me enseñó a comunicarme de forma
asertiva con la gente, aunque todo fuera premeditado, porque a mis ojos y por
lo que a mi concierne, el resto de personas son formas de vida claramente
inferior, pero hablar con ellos es necesario, para poder tener una vida normal.
Eso me lo enseñaste tu un día; el cual estábamos conversando en tu casa,
mientras me mostrabas una vieja casa de muñecas, la cual tenías bien guardada
debajo de tu escritorio, la mire con cierta curiosidad de niño, no tardaste ni
un segundo en ver mi cara de intriga, me dijiste que esa casa era tu mayor
sueño, que en un futuro querías tener una hermosa familia. Mis ojos se
iluminaron y tu sueño también se convirtió en el mío, pero me dejo llevar y no
tenemos mucho tiempo. Retornando al tema principal, ese chico me causo un poco
de curiosidad, se veía demasiado débil, era alguien fácil de aplastar, creo que
fue por eso que no le fui indiferente, y podíamos llevarnos bien, su nombre era
Camilo. Muy buen tipo, tú lo debes de recordar muy bien.
Fue un tanto curioso, yo le
abrí las puertas de mi corazón, le conté de mi vida de mis sueños, y hasta le
hable de ti, nunca, me cuestiono, ni me juzgo, el tan solo me acepto, y eso era
lo que me gustaba de él, era honesto conmigo y eso es algo que se valorar muy
bien. Fueron unos días bastante buenos, solíamos jugar en casa de el por las
tardes, era un rato corto pero agradable, recuerdo encender su vieja vídeo
consola, y comer unas cuantas botanas, mientras divagábamos de temas sin
sentido alguno, era un gran amigo se puede decir que mi mejor amigo, y esa
amistad se conservó intacta. Un día de la nada, sin aviso, ni prejuicio,
Natalia y tú se acercaron de la nada, tomaron dos sillas, dejadas a un costado
y olvidadas por sus dueños, los cuales estaban haciendo un gran alboroto, se
sentaron y empezamos a hablar, estaba consternado, porque de la nada empezaron
a hablarnos, si hacía varios días no me dirigías la palabra, todo esto me tomo
por sorpresa, pero sentí esa inigualable calidez en el pecho, que tú y solo tú
podían generar me. Hablamos de tonterías y tu frialdad se fue de la nada, pero
la felicidad, es algo que no perdura, efímera tal cuál como es, me enseño unas
cuantas cosas, y se encargó de que nunca las olvidara; la maldad e indiferencia
de la gente. Recuerdo estar vendiendo dulces en un semáforo, esa tarde no había
sido muy buena, y las ventas fueron bastante bajas. Me senté a un lado del poco
pasto, que amarillento y muerto, todavía adorna las aceras de la ciudad, sentí
una lagrima recorrer mi mejilla, pues ya eran más de las seis, y solo me
acompañaban unos pocos pesos, los cuales no servían ni para comprar un pan.
Desesperado, me levante una vez más, me limpie la cara e intente vender con
toda mi fuerza de voluntad, pero eso no podía ser posible, un motociclista a
toda velocidad y sin tener en cuenta la luz roja, acelero imprudentemente, pero
por suerte solo me golpeo el brazo, lo que provoco que me arrastrara por todo
el asfalto; irónico digo con suerte, porque un centímetro más y podía haberme
matado, pero el ángel de la muerte, no se dignó a trabajar en ese semáforo, esa
noche, en cambio me pare desorientado, aún recuerdo la calidez de la sangre
emanando del brazo, y los hilos de sangre que emanaban de mi cabeza, recuerdo
caminar desorientado sin rumbo, el cuerpo me quemaba, el frió del viento era lo
único en darme un poco de paz, pero me la robaban los murmullos de la gente.
Eso era lo más doloroso, estaba totalmente destrozado y nadie se paró a ayudar,
solo me daban sus miradas de consuelo o de total desprecio, más adelante a unas
cuantas calles, sentí como una ira me llenaba el corazón, y una oscuridad se
apodero de mis ojos, ahí lo entendí me desplomé en el asfalto.
Lo siguiente fue despertar en
el hospital, en ese momento pensé que había muerto, giré mi cabeza lentamente,
y pude ver las maquinas que tomaban mis pulsaciones. Me levante de la cama e
inmediatamente me detuvo una enfermera, me dijo ¡siéntese joven, está vivo de
milagro! Eso me inquieto y le pregunte ¿porque estoy aquí? Me contó que
llamaron a una ambulancia tan pronto me desplome, mis preocupaciones no se
hicieron de esperar. ¿Le pregunte cuantos días había estado internado? Me
respondió con una voz seca y un poco de fastidio en su semblante; desde una
semana y media, recuerdo como el corazón me palpito. Pensé en como estarán mis
hermanitos ¿si acaso habrán comido? ¿habrán asistido a la escuela? o si ¿El
imbécil de nuestro padre, no los habrá puesto a hacer algo desagradable?
Conozco muy bien a ese hombre y de él me puedo esperar lo peor, todavía no
puedo olvidar lo que le hizo a mi madre. Sentí como unas lágrimas empezaban a
recorrer mi cara y un augurio de un mal suceso me invadió el cuerpo, comencé a
temer lo peor. Aunque el problema principal en este momento era como iba a
pagar la cuenta del hospital. Te noto interesada Andrea, veo un semblante de
melancolía en tu rostro, estas muy cansada, lo puedo ver en esas enormes ojeras
que tienes, pero aguanta un poco más esta historia todavía no acaba, así que
presta mucha atención.
Una enfermera me dirigió con
la trabajadora social. Esa señora me hablo con un tono bastante despectivo;
como si fuera menos que cualquier otra persona, por el hecho de encontrarme en
mi situación actual, frente de ella estaba yo, un poco molesto por el trato que
estaba recibiendo, ella me dijo que tenía que afiliarme a un sistema de salud
pública, el cual cubriría todos los gastos, me alivio saber esto, llene los
formularios correspondientes y poco después fui dado de alta, me dieron una
bolsa con medicinas y salí caminando de ese hospital, mi casa estaba a unas
cuantas horas a pie, y maltratado tal como estaba, creí que el trayecto iba a
ser eterno, en el camino me di tiempo para meditar y preguntarme ¿en qué tipo
de mundo era el que yo estaba? Un mundo de porquería me conteste, mis hermanos
me tenían bastante preocupado, pero el dolor en todo mi cuerpo era inmenso, y
un gran impedimento para correr.
Varias horas después llegue a
casa, me ardían los pies, y el corazón lo tenía a mil. Pensé que el silencio
sepulcral que invadía la casa era obra del sueño, que tal vez todos ya estaban
durmiendo. Un miedo abismal se metió en mi cuerpo, cuando entré al cuarto de
mis hermanos, observe a Miguelito tendido a los pies de la cama, mire a los
alrededores del cuarto y no vi por ningún lado a Heidi. Alce a Miguelito de la
cama, estaba muy pálido y con los labios secos, su mirada perdida me lleno de
pánico. el casi no podía articular palabra alguna, levanté su camisa, miré con
horror aquella escena, Miguelito estaba en los huesos, le pregunté por Heidi,
el me pedía agua, en ese momento supe que Miguelito estaba por morir. Que cruel
es el destino me dije, mis ojos se entraparon con mis lágrimas y la rabia se
apoderaba de mí, le di un poco de agua que traía en una botella, eso fue
suficiente para que pudiera articular unas palabras, él les dio a Heidi por un
poco de dinero ¿a quién? Con un suave susurro, te quiero hermanito gracias. El
soltó mi mano y su cuerpo se aligero, él pudo descansar y tal vez ir a un lugar
hermoso, donde no exista el sufrimiento y la dejadez humana tampoco existe, tal
vez ahora él sea un ángel. Esas fueron palabras de consuelo, que me dije para
no entrar en un choque nervioso.
En ese momento recordé la
muerte de mi madre, por aquel momento tenía doce años, Miguel cuatro y Heidi
tres. Mi madre se llamaba catalina, era una mujer muy hermosa, ella velo por
nosotros hasta el último día de su vida, vendía frutas y verduras en las aceras
para darnos de comer, para poder mantener el alcoholismo de mi padre. El cual
le pagaba con violencia, insultos y palizas, ese era el pan nuestro en la vida
de nuestra madre, un día llego muy alterada me dio una cantidad bastante alta
de dinero. Me pidió que la escondiera lo mejor posible, así lo hice, ella me
dio la bendición, y me pidió que cuidara a mis hermanos. No podía terminar de
comprender la situación, ella nos encerró y me pidió que no abriera la puerta,
lo siguiente que escuche fueron gritos y golpes, mis piernas no me respondían,
sabía que era lo que ese monstruo estaba haciendo, estaba matando a mi madre y
yo no hice nada para detenerlo, el miedo me impidió salvarla. Desde ese día
prometí cuidar a mis hermanos constara lo que constara, la policía se llevó a
mi padre por unos meses. Si entiendo tu rostro de horror, ¿cómo era esto
posible? Pues veras el desgraciado salió con libertad condicional. Por los años
consiguientes ese par de niños eran muy tiernos, tenían una pureza muy grande,
para este mundo indigno de ellos, una vez fuimos al parque ellos, jugaban como
dos almas libres, sin preocupaciones o consternaciones por el día a día, entre
ellos dos se dieron a la tarea de recolectar florecillas, y entre ellos dos me
construyeron un pequeño ramo, sentí como mi corazón se llenaba de una alegría
inmensa, y sentí todos mis esfuerzos del día a día fueron recompensados. Pero
¿porque tenían que quitarme esos regalos del cielo? me pregunte en voz baja.
Toda mi ira se desato cuando
mire a Miguel, por toda su espalda habían marcas de cable. Como si fuera poco
dejarlo morir de hambre, tuvo la cara para pegarle. Corrí a la cocina y agarré
un cuchillo, no me soportaba el brazo, pero no importaba era hora de que pagara
y me respondiera ¿dónde estaba Heidi? Lo tumbe del sofá de una patada, puse el cuchillo
en su cuello, era hora de que respondiera el infeliz, me miro con unos ojos
desafiantes, como si no fuera capaz de hacerlo, como si no fuera capaz de
matarlo, le corte el rostro un largo tajo lo desfiguro, en ese momento el cerdo
se puso a chillar, en ese momento sentí un gran deleite era tan liberador, pero
no me quería desviar del tema principal, así que lo corte hasta que me dijo
todo, hacia una semana que le vendió la niña a unos traficantes de órganos, me
dijo el lugar exacto en donde la entrego, le rompí una botella en la cabeza con
eso lo deje inconsciente, le metí unas telas en la boca y lo amarre para que no
gritara, seguido a esto le amarre los pies y las manos.
Salí de casa en busca del
sitio, resulta que el lugar ya estaba abandonado, lo único que encontré de
ella, era un vestido lleno de sangre, que como lo sé, pues yo se lo compré una
semana antes del accidente. Ese día había ido al centro comercial y estaba en
una rebaja, no puede resistir comprarlo. Ese día me abraso y me dio un beso en
la mejilla; ya hacía varios meses que no le había podido comprar nada, y estaba
muy contenta su expresión me resultaba acogedora, ahora frente a mí, veía un
vestido teñido en sangre, lo tome entre mis manos y caí de rodillas en un
charco de sangre seca; en el cual abrazando con fervor y lamentación, aquel
vestido que alguna vez perteneció a mi hermanita menor.
Camine con la mirada puesta en
la acera, para mí; la vida no tenía sentido, y yo, era un personaje trágico, en
la obra de algún escritor loco. De tanto deambular, llegue a la autopista, la
cual mire con cierta tristeza, la cual se iba convirtiendo poco a poco, en una rabia
inmensa que consumía todo mi ser, ¡veme aquí, Dios retorcido! preparado para ir
contigo y terminar de recibir mi castigo. ¿si es que acaso aún hay algo más por
pagar? Continúe con mi marcha fúnebre, y como si fuera una revelación de último
momento, vi la figura de mi padre, la cual me ayudo a reaccionar. Tenía que
terminar; una tarea pendiente, antes de decir adiós.
Me dirigí a casa, entre a la
sala, donde según yo, había dejado a mi padre, pero las cuerdas que lo ataban a
la silla; se encontraban rotas, pensé que había escapado de la casa. Grave
error, Sentí una fuerte bofetada; que me dejo el rostro ardiendo, hay lo vi de
pie frente a mí, el cerdo era libre y estaba preparado para matarme, pero no
podía morir hay, no me lo podía permitir, aún tenía que terminar algo, afanado
y con miedo; miedo a morir. Me dirigí corriendo a la cocina, y tomé, el
cuchillo más grande que encontré, rápidamente me di la vuelta y logré
enterrárselo en la garganta, lo vi desplomarse y creí que él estaba muerto. Fui
al cuarto de Miguel para despedirme, y así lo hice. Le di un beso en la mejilla
y le di las buenas noches.
Intente salir, pero mi padre,
me clavo el cuchillo en la espalda. Por fin, callo muerto por la pérdida de
sangre. Yo me tambaleé, me mareé un poco. Salí de la casa a paso firme, pero
tembloroso, mi última parada aguardaba, pero tal parece ser, que el destino no
me quería dejar llegar.
Y ahora
estoy contigo. Andrea, te cuento mi historia sin ser realmente escuchado, pero
estoy seguro que, en tus sueños me estarás viendo, me estarás oyendo, y aunque
me preguntaras el ¿cómo lo sé?, es muy fácil responder a esa pregunta, pues en
tus ojos veo la pureza, y la empatía de tus lágrimas al caer. Si me preguntaras
¿qué voy a hacer ahora? cruzare el umbral de esa puerta que, espero, y me lleve,
junto a mis seres queridos. No siendo más, me despido de ti Andrea, espero no
olvides que, un chico rarito, alguna vez, te amo. Espero tengas, dulces sueños.
Me gusta mucho crack, saludos.
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